Procesos de curación
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Uno piensa que siempre sufre por algo concreto, pero tengo la sensación de que la condición humana consiste en carecer de descanso mental, en estar preocupados por mil asuntos que se superponen en el tiempo.
Abigail Lazkoz
(Entrevista con Gerardo Elorriaga para Territotios, 20-IV-05)
En la pieza ‘’Procesos de Curación’’ el proyecto es planteado como una actividad autorreflexiva, la experiencia vital del individuo, y el individuo reflexionando sobre sí mismo a lo largo de todo el proceso vital. El autorretrato de uno mismo desde uno mismo, a lo largo de un periodo concreto marcado por el acontecimiento, inmortalizando día tras día el objeto que provoca la reflexión y es parte de sí mismo.
‘La pierna’, cómo el elemento que dentro del proceso de curación, da la identidad al individuo. Aquello que en el contexto circunstancial y espacial del hospital, se convierte en una característica vital para identificar al individuo, uno no es uno, es su patología, y es a través de ella que se establecen las relaciones vitales con el resto de individuos. El universo del enfermo gira en torno a su malestar, que en este caso tiene una temporalidad concreta de 50 días.La otra cara de la moneda, la otra cara de la sociedad de consumo y bienestar, la otra cara de la publicidad y la moda, que rehuye la muerte, la enfermedad, las eformaciones, todo aquello que no sea estéticamente bello. El acercamiento al dolor físico, al sufrimiento, al miedo a la muerte. La humanización del individuo mediante la compasión, mediante el vislumbramiento de las desgracias humanas y su estrecha convivencia con él. Un proceso paralelo al de curación, el proceso de conocimiento interior, del universo interno del individuo, que es tanto más grande que el universo externo, dónde uno sin el otro no podrían vivir, tan necesarios para la salud, y tan ignorado en la vorágine mercantilista en la que nos vemos envueltos.
Gadamer afirma que “de repente el artista ya no pronuncia el lenguaje de la comunidad, sino que se construye su propia comunidad al pronunciarse en lo más íntimo de sí mismo. Su intención es que esa comunidad se extienda a la oikumene, a todo el mundo habitado, que sea verdad universal”.
La obra de arte se asemeja a un organismo vivo: una unidad estructurada en sí misma, que tiene su tiempo propio. Lo que no significa que igual que el organismo vivo tenga juventud, madurez o vejez, igual que el verdadero organismo vivo. Pero sí que la obra de arte no está determinada por la duración calculable de su extensión en el tiempo, sino por su propia estructura temporal. Esta temporalidad propia de la obra obviada en la experiencia del ritmo. El ritmo de curación en este caso, el ritmo diario inmerso en la temporalidad. Investigaciones psicológicas muestran que marcar el ritmo es una forma nuestra de oír y entender. Si hacemos que una serie de ruidos o de sonidos se sucedan a intervalos regulares, nadie que lo oiga podrá dejar de marcar el ritmo de la serie. La conclusión es que sólo oímos el ritmo dispuesto en la forma misma si lo marcamos desde nosotros mismos, es decir , si nosotros mismos somos realmente activos para escucharlo del exterior. El intento por retener ese ritmo, por hacer partícipe al espectador de su monotonía generando una especie de melodía. El ritmo inmerso en todos los procesos vitales de todo ser vivo, de la naturaleza, de las estaciones… Es el individuo, el espectador, el que tiene que ahondar en este ritmo, afinar su oído para escuchar la música de fondo que transmite la obra…
“La obra abierta” de Umberto Eco nos remite a la experiencia sensible del espectador con la obra. Como el lector leído la obra habla de uno mismo, de la experiencia vital del individuo, y es el espectador que se ve reflejado en ella, el autorretrato desde uno mismo, la perspectiva como posicionamiento íntimo.
Karolyn Miss en su libro ‘Anatomía del espíritu’ mantiene una teoría, hay personas que caminan a lo largo de su vida de un modo que no es adecuado para sí mismo, este ritmo vital es debido a la falta de interiorización en las necesidades de nuestro cuerpo, en la psique que nos acerca a lo humano que tenemos. Un accidente que te paraliza, que hace romper ese ritmo, es un aviso, que proviene del mismo cuerpo, de la física propia del individuo, que ante la falta de conexión entre la necesidad física y la psíquica busca el momento de reflexión forzosamente.
El inconsciente muestra a través del accidente la necesidad que uno mismo tiene de parar ese ritmo. La necesidad de interiorización en el ser, el vínculo natural que nos une a nosotros mismos está pendiente de un hilo, necesita de una reeducación en el interior, en la vida espiritual, aplacada por el exterior y su funcionamiento social.
